BICITAXIS y TRICICLOS eléctricos mueven las mercancías en una Habana paralizada por la crisis energética. Reportaje.

“Si trabajo doce horas puedo hacer más de 5.000 pesos al día, aunque es bastante duro”. Las motos y las bicicletas tratan de llenar el vacío que ha quedado para trasladar mercancías.

Las motos y las bicicletas tratan de llenar el vacío que ha quedado para trasladar mercancías. / 14ymedio



LA HABANA- En una ciudad prácticamente detenida, hay quienes no paran. Se les ve atravesar las calles vacías, sortear los baches del Malecón o pedalear cuesta arriba por Tulipán con una mochila a la espalda. No llevan uniforme ni tienen un contrato de trabajo, pero cargan sobre ruedas buena parte de la economía de La Habana. Son los jóvenes del delivery, una generación que en estos días de escasez de combustible se vuelve imprescindible en el trasiego de mercancías.



Yasiel, de 26 años, entrega pizzas, medicamentos y pequeños paquetes. Los encargos le llegan por WhatsApp desde los negocios privados de la capital cubana, desesperados por la falta de mensajeros con autos o motos de gasolina. A veces le piden flores, un cake o hasta una palangana para bañar un bebé. “Lo que se pueda cargar en la parrilla”, dice a 14ymedio mientras ajusta en su bicicleta las bolsas que entregará en varios puntos de la ciudad. No tiene licencia de cuentapropista ni pertenece a ninguna mipyme, pero gana más que muchos profesionales. “Si trabajo doce horas puedo hacer más de 5.000 pesos al día, aunque es bastante duro”.



La noche de este viernes, cuando por la avenida Rancho Boyeros solo circulaban unos pocos triciclos eléctricos y algunos peatones, que preferían caminar por el asfalto que por las descuidadas aceras, Yasiel seguía haciendo entregas. Una mochila enorme colgada en la espalda y otra, aún mayor, sobre su pecho. Llegaba desde el municipio Playa, en las proximidades del río Almendares, hasta la zona de Nuevo Vedado. “Estoy agotado porque hoy no he parado de dar pedal, ¿me puede regalar un vasito de agua?”, le dijo a uno de sus clientes, casi al borde de desfallecer.



La empresa para la que estaba haciendo la entrega Yasiel, una de las tantas que tiene sitios digitales donde los emigrados compran alimentos y otros insumos básicos a sus familiares en la Isla, “está liquidando sus mercancías ante lo que viene”, asegura el joven. El comercio online ha lanzado una oferta del 15% de rebaja en todos sus productos y “si son congelados te los puedes llevar hasta con un 25% menos”, detalla. Ante el temor de que los apagones se vuelvan cada día más largos, “mucha gente está evitando comprar lo que necesita refrigeración”.

Algunos bicitaxis llevan semanas transportando “más comida que gente”. / 14ymedio

Este viernes, los envíos que entregó Yasiel fueron fundamentalmente de enlatados, granos y galletas. “Había pomos de garbanzo que se veía que llevaban tiempo en el almacén por el polvo que tenían arriba”. Paquetes de harina, sardinas, atún, leche en polvo, cereales, aceite vegetal y las socorridas latas de spam completaron los encargos. “Por primera vez desde que trabajo en esto no he movido hoy ni un solo paquete de cuartos de pollo congelado”. Nadie quiere que la falta de fluido eléctrico convierta su comida en un charco apestoso de agua y sangre.



En los grupos de Telegram con nombres como Delivery Habana 24/7 o Mensajeros de Plaza, se comparten encargos, rutas y clientes. A veces también advertencias: “no pasen por Infanta, que es una boca de lobo por el apagón”. Son foros de trabajo, pero también refugios de camaradería. “Aquí nos avisamos cuando algún negocio está pidiendo gente, cuando falta corriente o si hay alguna calle cerrada por una marcha. Somos como una hermandad, pero sin sede”, explica Yasiel.

El bicitaxi de Marcos, de 34 años y apodado El Ruedas, lleva semanas transportando “más comida que gente”. Llegado desde el lejano Banes, este holguinero lleva un lustro haciendo varias rutas de traslado de pasajeros entre Centro Habana, Cerro y La Habana Vieja. A inicios de febrero recibió la llamada de un amigo que trabaja para un sitio digital que reparte desde comida hasta útiles de ferretería. “Me dijo que necesitaban bicicletas o motos eléctricas porque cada vez tenían menos carros por el problema de la gasolina”.

Desde entonces, Marcos ha “peinado La Habana” de un lado a otro trasladando salchichas, refrescos, mantequilla y cuanta cosa le compra en Miami, Berlín o Madrid un emigrado cubano a su familia en la Isla. “He tenido suerte y, además de lo que me pagan, he recibido buenas propinas porque cuando la gente me ve llegar en el bicitaxi se mete la mano en el bolsillo para darme algo”. Donde otros temen un agravamiento de la crisis de combustible, el holguinero ve su nicho: “ahora nos toca el turno de los que no necesitamos petróleo ni corriente”.



“Son momentos en que hay que estar muy alerta porque la gente sabe que estamos entregando comida y cosas pagadas en divisas, somos un foco”.

El día que recuerda con mayor gratitud fue el pasado lunes cuando llevó “café y unas sondas de esas que se usan para que los pacientes encamados puedan orinar” a una casa en el Casino Deportivo. “La viejita que me recibió me dio de propina un fula”, recuerda. Esa misma jornada el dólar estadounidense rozaba los 500 pesos cubanos en el mercado informal. “Por cosas así es que sigo en este trabajo, aunque también hay momentos amargos”.

En la oscuridad de una calle de la barriada del Cerro, Marcos vigila sobre sus hombros mientras despacha uno de los encargos. Con la linterna del móvil revisa la hoja donde se describe una lista de productos que una tienda digital ha tramitado para una familia habanera. “Son momentos en que hay que estar muy alerta porque la gente sabe que estamos entregando comida y cosas pagadas en divisas, somos un foco cuando hacemos eso”. Para evitar posteriores quejas y reclamos, cada producto debe cotejarse con el listado frente al destinatario, una operación que demora y aumenta los peligros.



Además de los asaltos, el mayor temor de Marcos era, hasta esta semana, “que venga el calor fuerte y ya no sea tan fácil pedalear de aquí para allá”. Sin embargo, en las últimas horas ha recibido la cancelación de tres encargos y eso abre nuevos miedos. “Hay varios de esos sitios digitales que están cerrando los pedidos desde fuera porque ya no pueden garantizar su entrega, esto se está poniendo feo”. Si las compras online se paralizan, poco importa la fuerza que las pantorrillas del mensajero le imprimen al bicitaxi: “tendré que volver a mover gente y con los clientes de carne y hueso la cosa se complica”.

El auge del delivery informal creció con la crisis energética y el colapso del transporte estatal, pero tuvo en la pandemia de covid-19 su momento de mayor explosión. Ahora, con la casi desaparición del combustible en la Isla, tras la orden ejecutiva firmada por Donald Trumpe que penaliza con aranceles a los países que envíen crudo a Cuba, los vehículos de gasolina o diésel que circulan son cada vez menos y los triciclos eléctricos no dan abasto. En ese vacío, las motos y las bicicletas tratan de llenar el vacío que ha quedado para trasladar mercancías.


Con cada viaje, el mensajero gana entre 1.000 y 1.500 pesos, según la distancia.

“Antes trabajaba en un taller de refrigeración, pero esto me deja más”, cuenta a este diario Landy, de 30 años, que coordina una red de diez mensajeros. Su “central” es un chat de WhatsApp. “Me escriben de las mipymes, yo paso la dirección y calculo la comisión. No hay jefe ni horario fijo. Si no hay conexión, me desconecto y ya”. Con cada viaje, el mensajero gana entre 1.000 y 1.500 pesos, según la distancia. “No hay contrato, pero hay palabra”, añade el emprendedor. “Mi comisión me la pagan al final del día, según los viajes que hayan dado”.



La mayoría son hombres jóvenes, aunque también hay mujeres. Algunos son universitarios, informáticos o ingenieros. Todos intentan ganar algo de dinero para mantener a sus familias y también prefieren la independencia de no estar amarrados a un empleo estatal y poder trabajar con varios negocios a la misma vez. “No quiero que nadie me mande, yo cojo un encargo cuando tengo necesidad y cuando no quiero me quedo en mi casa”, resume un repartidor de 23 años con un triciclo eléctrico: “Mi jefe es la batería”.

El trabajo está lleno de riesgos. “A veces se descarga en medio de la oscuridad, y tengo que empujar el triciclo hasta un lugar donde pueda cargarlo”, explica un joven de San Miguel del Padrón que hace entregas en lo que llama “una zona complicada”. Con guantes, casco y una chaqueta negra que en la espalda lleva el distintivo de “Rider”, reparte encomiendas de los pequeños negocios del municipio, pero también recibe encargos de sitios digitales más grandes.

El principal de estos comercios online ha anunciado que cancela todas sus órdenes desde este viernes. Supermarket, que había logrado extender sus entregas por casi toda la Isla, informó a sus clientes que solo procesará las órdenes ya recibidas. “Debido a la situación actual de disponibilidad de combustible en Cuba, nuestras operaciones logísticas se han visto temporalmente limitadas”, se lee en su portal.



Yasiel no deja que la preocupación lo paralice ante anuncios como ese. Para este sábado tiene la agenda llena de entregas. “Es el Día de los Enamorados y no voy a parar de dar pedal, ya descansaré mañana”. El futuro es algo en lo que evita pensar en un país en el que los anuncios de cancelaciones, cierres e interrupciones se suceden durante cada jornada.

Agences/ 14yMedio/ Natalia López Moya/ Internet Photos/ Arnoldo Varona.
THE CUBAN HISTORY, HOLLYWOOD.

CUBANOS en EE UU aceleran los envíos de ayuda a la Isla pero piden a Trump más restricciones. PHOTOS. * CUBANS in the US are accelerating aid shipments to the island but are asking Trump for more restrictions. PHOTOS.

Ciudadanos cubanos esperan junto a cajas y bolsas con alimentos e insumos básicos para enviar a sus familiares en la Isla este viernes, en Miami, Florida. / EFE/Alberto Boal

CUBANOS en EE UU aceleran los envíos de ayuda a la Isla pero piden a Trump más restricciones. PHOTOS.

MIAMI- Cubanos en Estados Unidos aceleran los envíos de comida y medicinas a sus familias ante la agudización de la crisis en la Isla, donde dependen de esta ayuda para sobrevivir, pero expresan a EFE su apoyo a que el presidente Donald Trump eleve las restricciones con tal de que “caiga el régimen”.


Decenas de exiliados hacen filas con cajas y bolsas con alimentos, papel higiénico y más productos básicos en empresas de envíos en La Pequeña Habana de Miami, motivados por los recortes energéticos en Cuba y la sensación de que las cosas evolucionarán rápido, como Manuela Labori, quien manda ayuda a su madre de 90 años.



“Lo que está comiendo es por los hijos que tiene aquí, que somos tres, y las medicinas que ella usa se las tenemos que mandar desde aquí. Ella no puede ni caminar porque tiene sus rodillas (dañadas), ya se ha comido el cartílago, el hueso, y en los hospitales no hay nada para que le puedan aliviar ni (hacer) operación”, cuenta a EFE.



“Debería ser un bloqueo completo, donde cierre, ni que podamos mandar esto, porque así es como el único modo que va a caer el régimen comunista”.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU advirtió este viernes que Washington “incumple” con el derecho internacional con las sanciones que decretó en enero para impedir el suministro de petróleo a Cuba, lo que está causando el “desmantelamiento” del sistema de alimentación, de sanidad y de suministro de agua.

Pero Labori, con más de 40 años en Florida, considera “buenísimas” las medidas de Trump y pide más, aunque eso implique ya no enviar ayuda a su familia.

“Debería ser un bloqueo completo, donde cierre, ni que podamos mandar esto, porque así es como el único modo que va a caer el régimen comunista. El comunismo no tiene cabida en ninguna parte. Deberían acabar con él para siempre”, exclama.



Los donativos humanitarios de EE UU a Cuba casi se duplicaron en 2025, con un valor estimado de 130,9 millones de dólares frente a los 67,8 millones del año anterior, lo que incluye comida, medicina y ropa, según un reporte del Consejo Comercial y Económico Estados Unidos-Cuba.

Aunque muchos en la isla “dependen grandemente” del exilio, el expreso político Ángel de la Fana, líder de la agrupación Los Plantados, apunta que “la inmensa mayoría no tiene familiares en el exilio que puedan enviarle ayuda”.

“(Hay que) incrementar las presiones porque no es suficiente que el exilio podamos enviar la ayuda a la familia. Lo que necesitamos es que el pueblo cubano sea libre, tenga la libertad para poder crear riqueza, para poder crear alimentos”, sostiene.

Los legisladores cubanoestadounidenses de Florida han pedido a Trump prohibir el envío de remesas a Cuba, los vuelos y las licencias de empresas “con negocios con el régimen”, mientras que las ciudades de Miami y Hialeah indagan cientos de compañías con posibles nexos con el Gobierno cubano, incluyendo paqueterías.



José Daniel Ferrer, líder opositor cubano que llegó a Estados Unidos en octubre pasado, considera que “se debe permitir todavía” el envío de “insumos básicos”
José Daniel Ferrer, líder opositor cubano que llegó a Estados Unidos en octubre pasado, considera que “se debe permitir todavía” el envío de “insumos básicos” como “alimentos, medicinas y productos de aseo” porque “muchos lo necesitan”, pero pide prohibir otros de “lujo, entretenimiento o placer”.

En un recorrido por varias agencias de envíos, empleados de los servicios e inmigrantes se negaron a hablar con EFE por miedo a represalias del Gobierno cubano o de las autoridades estadounidenses.

Otros, como Usmara Matamoros, temen que las restricciones de Estados Unidos no traigan cambios en la isla y solo signifiquen que sus familiares se queden sin los productos que envían desde Miami.

“No, yo no estoy de acuerdo porque imagínate tú de qué forma van a vivir”, manifiesta a EFE. “Ellos sin nosotros no son nada”.

Algunos más envían lo que puedan sin importar el contexto político ni si hay peticiones de ayuda, como Teresa Martínez, quien manda “medicamento, arroz, leche, todo lo que pueda ser de alimento” cada vez que tiene oportunidad.

“Ellos no me piden, yo les mando porque sé que necesitan de todo y hay dos niñitos chiquitos que les mando todos los meses”, dice entre lágrimas.




CUBANS in the US accelerate aid shipments to the Island but ask Trump for more restrictions. PHOTOS.

Cuban citizens wait next to boxes and bags of food and basic supplies to send to their relatives on the Island this Friday, in Miami, Florida. / EFE/Alberto Boal

Miami/Cubans in the United States are accelerating shipments of food and medicine to their families as the crisis on the Island worsens, where they depend on this aid to survive. They expressed to EFE their support for President Donald Trump to increase restrictions so that “the regime falls.”

Dozens of exiles line up with boxes and bags of food, toilet paper, and other basic products at shipping companies in Miami’s Little Havana, motivated by the power cuts in Cuba and the feeling that things will change quickly, like Manuela Labori, who is sending aid to her 90-year-old mother.

“What she’s eating is for her three children here, and we have to send her the medicine she needs from here. She can’t even walk because her knees are damaged; the cartilage and bone have worn away, and the hospitals have nothing to help her or operate on her,” he told EFE.

“There should be a complete blockade, a total shutdown, so we can’t even send anything, because that’s the only way the communist regime will fall.”




Agencies/ 14yMedio/ Pedro Pablo Cortes/ Internet Photos/ CUBA(HOY)/ Arnoldo Varona.
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CUBA (HOY), SIN COMBUSTIBLE, LOS CAMIONES NO PUEDEN SACAR LAS MERCACIAS ACUMULADAS EN EL MARIEL. PHOTOS. * CUBA (TODAY), WITHOUT FUEL, TRUCKS CANNOT REMOVE THE GOODS ACCUMULATED IN MARIEL. PHOTOS.

Un sinfín de mercancías están varadas en el puerto de Mariel, al oeste de La Habana, a la espera de que aparezca el combustible para moverlas hacia el resto del país. / 14ymedio

CUBA (HOY), SIN COMBUSTIBLE, LOS CAMIONES NO PUEDEN SACAR LAS MERCACIAS ACUMULADAS EN EL MARIEL. PHOTOS.

Varias empresas han tenido que suspender sus actividades al no poder recoger los productos importados. Un sinfín de mercancías están varadas en el puerto de Mariel, al oeste de La Habana, a la espera de que aparezca el combustible para moverlas hacia el resto del país.


LA HABANA- Cajas de pollo congelado, envases de pinturas para paredes, piezas de plomería y un sinfín de mercancías están varadas en el puerto de Mariel, al oeste de La Habana, a la espera de que aparezca el combustible para moverlas hacia el resto del país. “La rastra no ha podido salir de Mariel”, responde a sus desesperados clientes Arturo, un especialista en paneles de vidrio y aluminio con una carga de materiales “dentro del camión pero sin gasolina”.



Arturo es lo que se dice “un hombre organizado”. Con el nombre cambiado para este reportaje, el habanero de 48 años lleva más de una década trabajando la carpintería de aluminio en Cuba y hace poco pasó su negocio particular a la categoría de mipyme. Conocido por su eficiencia y prontitud, ahora solo le queda encomendarse a un milagro para poder cumplir con el cronograma prometido a sus clientes.



“Todo lo tenemos parado porque el pedido que habíamos hecho con el material que nos hacía falta para trabajar los próximos meses no ha logrado salir de Mariel”. Hasta ahora, Arturo y sus colegas tenían un ritmo de trabajo que solo pausaba el cansancio acumulado en sus cuerpos luego de instalar ventanales, puertas y estantes de cocina. “No nos faltan los encargos y tenemos una reputación de serios”, subraya a 14ymedio.



Pero la seriedad sirve de poco en un país donde la gasolina se vende, desde este mes de febrero, exclusivamente en dólares y está racionada a 20 litros por conductor. “Nosotros compramos la capacidad dentro de una rastra donde van pedidos de otras mipymes, el chofer llegó hasta allá y recogió la mercancía pero no ha podido cargar combustible para el regreso”. Según Arturo, “esto le ha pasado a mucha gente, en Mariel las rastras están paradas a la espera de que pase algo y puedan salir de ahí”.

Pero la seriedad sirve de poco en un país donde la gasolina se vende, desde este mes de febrero, exclusivamente en dólares.


La situación se vuelve más dramática con los productos perecederos. “Tenemos varios palés con cuartos de pollo que no hemos podido sacar de allá”, comenta a este diario la dueña de un pequeño mercado ubicado en las cercanías de la esquina de Boyeros y Tulipán en el municipio de Plaza de la Revolución. “El rastrero nos llamó para ver si entre todos los que tenemos contratado ese camión refrigerado podemos hacer alguna gestión para conseguirle gasolina, pero yo no tengo contactos para eso”, lamenta.



Entre los “milagros” que Arturo y la emprendedora esperan está que “algunas empresas extranjeras que están allí [en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, ZEDM] vendan parte de la gasolina que tienen de reserva a los camiones que se han quedado varados, por lo menos para hacer que esos envíos lleguen a su destino”, opina el aluminiero. “Allí hay quien compró gasolina por cantidades antes de que la racionaran.

Arturo asegura que varias empresas chinas radicadas en la ZEDM se hicieron con reservas que superan “los 40.000 litros de gasolina” antes de que el presidente estadounidense Donald Trump firmara una orden ejecutiva que impone aranceles a los países que vendan combustible a la Isla. “Los chinos se olían algo y varias de las empresas que tienen en Mariel se hicieron con sus reservas para este momento”, detalla.

Por el momento, Arturo ha tenido que cancelar varios trabajos porque “no se sabe cuándo van a poder llegar a La Habana los perfiles y el cristal”. Cada día que pasa pierde dinero. “Hay clientes que me dieron parte del pago por adelantado, en divisas, para que pudiéramos importar materiales de buena calidad. A esa gente ¿Cómo le explico yo que todo está metido en un contenedor que no puede salir de Mariel?”.



Para la dueña del mercado de Plaza la falta de combustible ya se traduce en productos que han desaparecido de sus anaqueles
Para la dueña del mercado de Plaza la falta de combustible ya se traduce en productos que han desaparecido de sus anaqueles. “Ya tengo problemas con las galletas de soda, la pechuga de pollo y el aceite”, describe. La mujer, junto a otros dueños de comercios que venden alimentos, tienen contratos firmados con empresas que trasladan la mercancía hacia la capital cubana. “Dicen que no pueden hacer nada porque es una cuestión de fuerza mayor”.

Cuando los huracanes azotan la Isla es común que el transporte por carretera se resienta y que el argumento de una demora “por fuerza mayor” se extienda entre los conductores y los comerciantes. Pero este mes de febrero, sobre Cuba no están soplando los vientos de ningún ciclón. Ni siquiera las bajas temperaturas invernales justifican los retrasos y las cancelaciones en el suministro. “Todo es por la gasolina”, reconoce Arturo.



Si la rastra con la materia prima que necesita para sus instalaciones llega finalmente a la capital cubana, comenzará una nueva odisea para el emprendedor. “En ese momento veremos cómo vamos a resolver el traslado de los materiales para cada trabajo, porque lo que tenemos es una camioneta y sin combustible no camina”. Para aliviar su desespero, Arturo llama cada día, hasta tres veces, a un pariente que vive a las afueras de Mariel y, desde su portal domina parte de la carretera por la que circulan las rastras.

“Lo tengo loco preguntándole si ve movimiento, pero dice que la cosa está muerta, muerta”.

Agencies/ 14yMedio/ Natalia Lopez Moya/ Internet Photos/ CUBA (HOY) / Arnoldo Varona.
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